Además de escribir novelas y cuentos a los que debe su fama, Julio Cortázar escribió una enorme cantidad de cartas, un conjunto que equivale a esa autobiografía que nunca intentó, y que, por su volumen y su riqueza, es una parte fundamental de su creación literaria. Entre ellas se destacan éstas, enviadas al pintor y poeta argentino Eduardo Jonquières, a quien lo unieron cincuenta años de amistad.
Cortázar más que un escritor ha sido todo un fenómeno de la literatura latinoamericana. Su obra más conocida "Rayuela" ha sido un vivo ejemplo del boom originado en países latinos. Era ya conocido que este Argentino viajó por el mundo y mucho de ello ha sido inspiración para sus escritos.
Eduardo Jonquières fue su mejor amigo, la confianza era inmensa y tener este material, hoy en día, de cartas escritas en diferente tiempo y en distintos lugares ha sido invaluable, pero lo más importante, muy interesante.
Al leer las páginas de este compendio conocemos al autor como si lo que leyeramos fuera un diario propio. Somos testigos de la forma en que narra anécdotas, situaciones felices y tristes, así como un sin fin de descripciones de los lugares que visitaba. Referencias de amigos, familia y todo quien lo rodeaba.
Y nos percatamos de cómo, entre línea y línea se da origen a sus novelas y descubrimos a una persona que jamás dejaba de lado su profesión. La calidad de la escritura, independientemente de los temas que tratase, deja una huella en el lector. Se conoce al autor como persona
Cualquier persona que se haya declarado "seguidor" de la narración de Cortázar debe tener este libro que nos acerca al autor en una oportunidad que pocas veces se puede encontrar. Es tan entretenido como leer una de sus novelas, nos permite situarnos en el tiempo vivído por él y familiarizarnos con aspectos de su vida que sin duda enriquecerán el trabajo que se haya leído de él.
Lectura obligada para quien ya haya leído su obra y para quien no, es una clara invitación a no perderse de lo mejor con lo que cuenta la literatura iberoamericana y un gran representante de la cultura en su país natal, Argentina.
* Gracias a la editorial por proporcionarme el ejemplar para reseña
Bien, la sorpresa es eso, una calaverita literaria, pero no cualquiera, sino una hecha por mí.
Recuerdo que ganaba concursos en la secundaria por escribir calaveritas literarias, pero ahora no sé por qué la inspiración no vino a mí como debería. En fin, tenía muchas ganas de escribirles una calaverita y aquí esta. Es cierto que menciono solo a un par de personas... no tengo nada en contra de los demás, simplemente fueron nombres que se fueron dando conforme la escribía, pero saben que todos ustedes están en mi corazón y está dedicada a todos y cada uno de mis seguidores!!
Repito, si su nombre no está ahí, no fue por nada en específico, solo que no se puede escribir una calaverita sin enfocarse en un reducido grupo de personas, al menos a mí se me complicaría. Y si su nombre está ahí, espero no se molesten al verlo escrito en mi calaverita. Ojalá les guste aunque sea un poquito...
La calaca tenía hambre,
le gustaba la variedad,
y como es su costumbre en Noviembre,
quería víctimas de verdad
Buscaba a todos los bloggers,
ellos no podrían escapar,
dijo: “Los prefiero que a los gángsters,
que muchos dolores de cabeza me pueden dar.
Llegó al blog Libros de Vida
y de ahí empezó a escoger,
no quería acabar desnutrida,
Así que muchos debían temer.
Le echó el ojo a la que más comenta:
Judith era su nombre y gothica parecía ser,
y se fue para Uruguay contenta
porque tenía ya una chica que comer
No es fácil que la muerte se rinda
y hasta Argentina fue a buscar a Juan.
Le dijo “no me mates per favore linda”
y así se salvó el muy donjuán.
Colombia y Venezuela quedaban
y la huesuda tuvo que checar su lista.
Clau, Dei y Andy de visitar le faltaban,
pero la muerte les perdió la pista.
La calaca ya extrañaba su casa,
solo quería a su tumba en el panteón regresar,
Pero aún tenía hambre y fue a Panamá “a ver qué pasa”;
como era de esperarse, Key la mandó a volar
Bren y Erick fueron los siguientes
la calaca por fin llegaba a su hogar
Y aunque Erick la defendió con los dientes…
acabó con sus vidas sin pensar
Ely, Yel, y Mariana platicaban,
estaban contentas y no se dieron cuenta,
llegó la flaca cuando no se lo esperaban:
se presentó y les regaló una menta
“Voy a escoger a una al azar”
dijo la muerte en forma de sentencia
Random.org fue el encargado de dictaminar
y a Ely se llevó al panteón arrastrando con paciencia.
No había caso en seguir buscando,
el día a su fin había llegado.
Como postre se comió un pan duro de un bocado
y se metió a su tumba porque el aire estaba helado
Sus huesos ya descansan esperando,
los demás seguidores de LDV se pudieron salvar,
Pero tengan cuidado que un año pasa volando,
Y el siguiente Noviembre ni a uno vivo va a dejar.
Así que ¡Sorpresa! ¿Qué les pareció? ¿Se dan cuenta que es lo primero que leen que yo escribo? Espero se hayan divertido, yo me divertí haciendola y quería compartirla con todos. Que sigan teniendo un lindo día y un excelente puente los de México porque, estos días no hay escuela y en muchas partes tampoco trabajo.
Hoy es un día de celebración en el país, quizá deba cambiar celebración por festividades, porque no quiero que se malentienda el significado de esta fecha para los mexicanos. Dejemoslo en que el 1 y 2 de noviembre se honra a los muertos, al igual que el día de los fieles difuntos o todos los santos.
Es tradicional, aunque no todos lo hacen, seguir aspectos representativos, visitar el panteón para llevar flores a los difuntos, colocar ofrendas y también divertirse un poco comiendo las conocidas calaveritas de chocolate y escribiendo calaveritas literarias. En breve explicaré un poco de todo.
Visita al panteón
Generalmente, esto se refiere a ir al panteón a orar, a dejar flores y a estar unos momentos con las personas fallecidas, pero hay un lugar específico en México donde se vela toda la noche a los muertos.
Janitzio es particularmente sorprendente en estas fechas. Las personas decoran la tumba y colocan ahí mismo las ofrendas para los difuntos pasando en vela toda la noche junto a sus tumbas. Yo fui hace tres años y la verdad es una experiencia inolvidable. Hoy en día está un poco descuidado y muchos turístas llegan no a contemplar la celebración o el rito, sino a hacer fiesta, emborracharse y bueno, todo lo que sabemos que son capaces de hacer. Es lamentable esta situación y creo que si no se arregla se va a perder esta tradición que no está tan arraigada a los pequeños como a los grandes.
Flor de Cempaxóchitl o Cempazúchitl
En todos lados se verá de esta flor. Ya sea como adorno en los camellones (parte del decorado de la ciudad), o vendiendose porque, como dije, es conocida como flor de muertos. Es naranja y tiene un olor muy característico. Solo se ve en esta etapa del año, y es usada para las ofrendas y para llevar a las tumbas de los muertos.
Ofrendas
Las ofrendas son altares que se colocan porque, según se dice, los muertos nos visitan el 2 de noviembre, esto es, bajan del cielo a convivir en este día con sus familiares vivos, por lo tanto, la gente les prepara este altar que contiene diversos elementos. Los fundamentales, según yo sé son el agua (para saciar la sed del difunto que hace un viaje muy largo), la sal (para que el alma no se corrompa y se le permita regresar), las velas para anunciar en qué lugar se espera su llegada e iluminar su camino y la flor antes mencionada para guiarlos de nuevo a su hogar. Lo demás varía conforme a la cultura, el estado, etc... Y aquí en México hay gran variedad. En el hogar no es muy practicado, pero en las escuelas siguen fomentando esta actividad haciendo concursos.
Calaveras comestibles
Dulce! Típico de México, no podía faltar la elaboración de un dulce para la ocasión, estas son las calaveritas de azúcar y chocolate. En el centro de la ciudad donde vivo (Toluca), en "los portales", se coloca la "Feria del Alfeñique". En realidad, lo famoso es el alfeñíque, un dulce hecho de azúcar pura y con el cual se hacen figuras de animales o frutas. Por supuesto, los más creativos hacen figuras de calaveras también. Y ya trayéndolos más a mi parte favorita de este aspecto, encontramos figuras de cráneos hechas de chocolate o azúcar. En lo personal, las de chocolate son las mejores, pero tendrían que probarlas.
Calaveras literarias
Bueno pues, llegamos a la parte de la literatura y es que las calaveras literarias me gustan mucho. ¿Qué son? Son textos escritos en forma de rima en el cual se habla de una persona en específico relacionándolo con la muerte... no de forma ofensiva, más bien de manera cómica, así es como funcionan. En un inicio se mofaban de la muerte, pero ahora sirven para burlarse de cualquiera, siempre en forma sana, claro; supongo que todo depende de la persona que las escribe. Como en las ofrendas, son muy comúnes los concursos de calaveritas literarias.
El Día de Muertos es parte del folclor mexicano, como tal tiene muchísimos aspectos que no se pueden explicar de forma simple, pero son realmente interesantes y causan un impacto enorme en la cultura mexicana. Una fecha digna de celebrarse y que vale la pena mantener su importancia.
Para el habitante de Nueva York, Paris o Londres, la muerte es palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente. Cierto, en su actitud hay quizá tanto miedo como en la de los otros; mas al menos no se esconde ni la esconde; la contempla cara a cara con paciencia, desdén o ironía.
Bueno pues el día ha llegado a su fin. Tanto que lo esperaba y tan rápido que se ha ido, pero las cosas son como son y aparte de que este final del día se lleva un mes más en el calendario... puedo decir que me la he pasado muy bien.
Organizandome un poco, más que nada, una pequeña salidita, acompañar a mi hermanito a pedir dulces (por mera supervisión, claro) y yo no me he disfrazado pero sí Chocolate, mi perro salchicha que ha sido un perfecto lagarto-cocodrilo-dragón-criatura fantástica aún no inventada.
Se acaba el "mes del terror", pero información de esos libros siempre encontrarán en el blog porque me agradan bastante.
Decir que a partir del 1ero de Noviembre todo volverá a tener el orden preciso sería una mentira, se los he dicho antes y sigue estando sin cambios, así que no me atrevo a volverlo a repetir. Solo que creo que he adquirido un compromiso de lecturas, de posts, de resultados. Y me esforzaré en un 200% para lograrlo.
Como siempre, gracias por permanecer aquí, por ser los lindos y comprensivos seguidores que todos quieren tener y todo lo demás. Creo que a partir de aquí el tiempo se irá rapidísimo hasta año nuevo, y a empezar otro año... pero eso es adelantarnos mucho a los hechos, y ya habrá tiempo para discutirlo.
Solo espero que este día lo hayan pasado bien, que el mes de Noviembre se lleve lo malo y traiga cosas mejores que el anterior y bueno, hasta aquí me despido. Volviendo con ustedes en un corto periodo. Hasta pronto!
Busqué el mejor audio de mi cuento favorito de Edgar Alan Poe: La máscara de la muerte roja, para compartirlo con todos ustedes. si no lo han leído ¿Qué esperan para escucharlo? Espero que les guste, dejen opiniones!
Hola! Primero que nada.. que tengan un feliz escalofriante Halloween! Llevo tiempo sin postear, así que este día buscaré cosas para compartir con ustedes! Lo primero... el inicio de un libro por todos conocido, aunque quizá no muchos hayan leído NOCTURNA de Guillermo del Toro y Chuck Hogan. Tómense el tiempo de leerlo y les aseguro que querrán correr a comprar el libro! También dejo el trailer.
La leyenda de Jusef Sardu
Había una vez —dijo la abuela de Abraham Setrakian— un gigante.
Los ojos de Abraham se iluminaron y, de pronto, la sopa borscht que humeaba en el plato de madera le pareció más sabrosa, como si el picante gusto a ajo se hubiera esfumado. Era un chico pálido y enfermizo, casi raquítico y de ojos grises. Para animarlo a comer, su abuela se sentó frente a él y lo entretuvo con un cuento.
Una bubbeh meiseh, un «cuento de abuela», una fábula, una leyenda.
—Era el hijo de un noble polaco y se llamaba Jusef Sardu. El señorito Sardu era más alto que cualquier hombre o techo de su aldea. Para cruzar por cualquier puerta tenía que inclinarse tanto como si estuviera haciendo reverencia a un rey. Pero su gran estatura era un lastre: una enfermedad de nacimiento y no una bendición. El joven sufría mucho; sus músculos no tenían la fuerza suficiente para sostener sus largos y pesados huesos. En algunas ocasiones le costaba incluso caminar. Utilizaba un bastón, una vara larga más alta que tú, con una empuñadura de plata coronada con la cabeza de lobo del emblema familiar.
—¿Sí, Bubbeh? —dijo Abraham entre una cucharada y otra.
—Era lo que le había tocado en la vida, y le enseñó la humildad, algo realmente ausente cuando de un noble se trata. Sentía mucha compasión por los pobres, los trabajadores y los enfermos. Era particularmente afecto a los niños de la aldea, y sus bolsillos grandes y profundos —del tamaño de sacos repletos de nabos— siempre estaban colmados de baratijas y golosinas. Prácticamente no había tenido una infancia, pues a los ocho años ya tenía la misma estatura de su padre, y a los nueve le llevaba una cabeza. Su fragilidad y gran estatura eran una vergüenza secreta para su padre. Pero el señorito Sardu era realmente un gigante amable, muy querido por su gente. Decían que, aunque estuviera por encima de los demás, él no menospreciaba a nadie.
La abuela le hizo un gesto con la cabeza para recordarle que tomara otra cucharada. El masticó una remolacha hervida, llamada «corazón de bebé» debido a su color, forma y fibras casi capilares.
—¿Sí, Bubbeh?
—Era amante de la naturaleza y no le interesaba la brutalidad de la caza, pero, como noble y hombre de rango, a los quince años su padre y sus tíos le pidieron que los acompañara en una expedición de seis semanas a Rumania.
—Fueron a los oscuros bosques del norte, kaddishel. Los Sardu no vinieron a cazar jabalíes, osos ni alces. Vinieron a cazar lobos, el símbolo de la familia, el emblema de la casa de Sardu. Iban tras animales de caza. La tradición de la familia Sardu decía que comer la carne de lobo les daba a los hombres Sardu valentía y fuerza, y el padre del joven amo creía que esto podía llegar a curarle los músculos débiles a su hijo.
—¿Sí,Bubbeh?
—Sumado a la inclemencia del clima, el camino que iniciaban era largo y arduo, y para Júsef una lucha extrema. Nunca había salido fuera de la aldea, y las miradas que le dirigieron los extraños a lo largo del camino lo hicieron sentir avergonzado. Cuando llegaron al bosque oscuro, le pareció que aquel paraje silvestre estaba lleno de vida. Numerosas manadas de animales merodeaban por el bosque durante la noche, como si hubieran sido desplazados de sus cuevas, albergues, nidos y guaridas. Eran tantos que los cazadores no podían conciliar el sueño en el campamento. Algunos querían marcharse, pero la obstinación del patriarca de los Sardu terminó imponiéndose. Escuchaban el aullido nocturno de los lobos, y él anhelaba darle uno a su hijo, a su único heredero, cuyo gigantismo era como una sífilis en la estirpe de los Sardu. Quería extirpar esa maldición de su linaje y casar a su hijo para que le diera muchos herederos saludables.
»Pero justo antes del anochecer del segundo día, su padre salió a perseguir un lobo, y fue el primero en separarse del grupo. Lo esperaron toda la noche en vano, y al amanecer salieron a buscarlo. Y así fue que, esa noche, al volver de la búsqueda, faltaba un primo de Jusef. Y lo mismo sucedió, noche tras noche, con todos.
—¿Sí, Bubbeh?
—Hasta que el único restante era Jusef, el niño gigante. Reanudó el camino al día siguiente y, en un lugar que habían recorrido anteriormente, descubrió el cuerpo de su padre, y los de todos sus tíos y primos, yaciendo a la entrada de una cueva subterránea. Sus cráneos habían sido aplastados con una fuerza descomunal, pero sus cuerpos estaban intactos. Habían sido asesinados por una bestia con una fuerza inusitada, pero no porque tuviera hambre o miedo. No pudo descubrir la verdadera razón, y de repente se sintió observado, quizá incluso estudiado, por un ser que merodeaba en el interior de la caverna.
»El señorito Sardu retiró todos los cuerpos, cavó una tumba profunda y los enterró. Naturalmente, este esfuerzo lo debilitó gravemente, dejándolo casi sin fuerzas. Estaba exhausto, estaba farmutshet. Y no obstante, a pesar de estar solo, presa del miedo y del cansancio, regresó esa misma noche a la cueva para enfrentarse al diabólico ser que rondaba en esa oscuridad, dispuesto a vengar a sus antepasados o morir en el intento. Esto se sabe por su diario, el cual fue encontrado muchos años después en el bosque. Esos fueron sus últimos apuntes.
Abraham estaba boquiabierto.
—Pero ¿qué sucedió, Bubbeh?
—La verdad es que nadie lo sabe. En la aldea, después de que transcurrieran seis semanas, ocho y luego diez sin noticia alguna, se temía que el grupo entero estaba extraviado. Varios aldeanos emprendieron una búsqueda, pero no los encontraron. Y al cabo de once semanas, un carruaje de ventanas oscuras se detuvo una noche frente al castillo Sardu: era el joven amo. Se recluyó en un ala del castillo, cuyas habitaciones estaban vacías, y rara vez, o casi nunca, volvió a ser visto. Comenzaron a circular rumores sobre lo que había sucedido en el bosque rumano. Las pocas personas que sostenían haber visto a Sardu —si es que se les puede dar crédito a sus relatos— insistieron en que se había curado de su deformidad. Algunos aseguraban incluso que había adquirido una fortaleza equiparable a su estatura sobrehumana. Sin embargo, el dolor de Sardu por su, padre, sus tíos y primos era tan profundo, que nunca se le volvió a ver a la luz del día, y despidió a la mayoría de sus sirvientes. Por la noche había algo de actividad, en su castillo —se podía ver el fuego de las chimeneas resplandecer en las ventanas—, pero el lugar se fue viniendo abajo con el paso del tiempo.
»Algunos afirmaban que, al caer la noche, se oía al gigante rondar por la aldea. Fueron los niños quienes se encargaron de difundir la historia según la cual decían haber escuchado el pic-pic-pic del bastón que Sardu ahora utilizaba no para caminar, sino para invitarlos a salir de sus camas y obsequiarles baratijas y golosinas. Los incrédulos eran invitados a mirar los hoyos del suelo, algunos justo afuera de las ventanas de sus habitaciones, pequeños hoyitos como si fueran de su bastón con cabeza de lobo.
Los ojos de la Bubbeh se ofuscaron. Miró el plato de su nieto y vio que estaba casi vacío.
—Entonces, Abraham, comenzaron a desaparecer varios niños de la aldea. Circularon historias de otros que también desaparecieron de las aldeas cercanas, incluso de la mía. Sí, Abraham, cuando era niña tu Bubbeh vivía tan sólo a medio día de camino del castillo de Sardu. Recuerdo a dos hermanas cuyos cuerpos fueron encontrados en un claro del bosque, tan blancas como la nieve que las rodeaba, sus ojos abiertos y cristalizados por el hielo. Una noche, yo misma escuché el pic-pic-pic; era un sonido fuerte, rítmico y no muy distante. Me cubrí la cabeza con la manta para no oírlo más y luego pasé varias noches sin dormir.
Abraham terminó la sopa mientras escuchaba el final de la historia.
—Casi toda la aldea de Sardu fue abandonada y se convirtió en un lugar maldito. Cuando la caravana de gitanos pasaba por nuestra aldea, vendiendo sus mercancías exóticas, nos hablaban de sucesos extraños, de encantamientos y apariciones cerca del castillo; de un gigante que erraba por los campos iluminados por la Luna como un dios nocturno. Fueron ellos quienes nos advirtieron: «Coman para que sean fuertes, o Sardu vendrá por ustedes». Ya ves que no se trata de un juego, Abraham. Ess gezunterhait, come para que seas fuerte. No dejes nada en el plato, pues de lo contrario Sardu vendrá por ti. —Con esta frase, la anciana dejó atrás aquel oscuro recuerdo de su infancia y sus ojos recobraron su brillo habitual—. Sardu vendrá. Pic-pic-pic.
Abraham dejó el plato vacío, sin el menor rastro de remolacha. La historia había terminado, pero su estómago y su mente estaban rebosantes, al igual que su corazón. Su comportamiento en la mesa había complacido a su Bubbeh, y el rostro de la anciana le pareció la expresión más clara de amor que podía existir. En la privacidad de ese momento, y en torno a la desvencijada mesa familiar, la abuela y su nieto —con una generación de por medio— compartieron el alimento del corazón y del alma en perfecta comunión.
Diez años después, la familia Setrakian tuvo que dejar atrás su taller de ebanistería y su aldea, no por causa de Sardu, sino por los alemanes. Una noche, conmovido por la generosidad de esa familia que había compartido su ración con él sobre aquella misma mesa, el oficial nazi acantonado en su casa les aconsejó que no obedecieran la orden de reunirse en la estación del tren y abandonaran la aldea esa misma noche.
Y eso hicieron. Los ocho miembros de la familia partieron hacia el campo con las pocas pertenencias que pudieron cargar, pero se retrasaron por causa de la abuela. Peor aún, ella lo sabía, y se maldijo a sí misma y a sus piernas viejas-y cansadas por poner a toda la familia en peligro. Reanudaron la marcha y el resto de la familia siguió adelante, pero Abraham —quien ahora era un joven fuerte y prometedor, todo un ebanista a pesar de su tierna edad y un estudioso del Talmud particularmente interesado en el Zohar, los secretos de los misticismos judíos— decidió permanecer al lado de su abuela. Cuando supieron que sus familiares habían sido detenidos en el pueblo más cercano y deportados en un tren a Polonia, la Bubbeh, desgarrada por la culpa, insistió, por el bien de su nieto, en que la dejara entregarse a los alemanes.
—Huye, Abraham. Huye de los nazis y de Sardu. Escapa.
Pero él no la obedeció. No dejaría que lo separaran de su abuela.
Al día siguiente la encontró tendida en el suelo, junto a la cama que habían compartido en casa de unos granjeros que les dieron posada. Tenía los labios resquebrajados y negros como el carbón, y una mancha del mismo color alrededor del cuello, producto del veneno para ratas que había ingerido la noche anterior. Con la venia de la familia protectora, Abraham Setrakian la enterró debajo de un abedul en flor. Talló con paciencia una hermosa lápida de madera con flores y pájaros, y otros motivos que la habían alegrado en vida. Lloró, inconsolable, y luego se marchó.
Se escabulló de los nazis, pero siguió escuchando un pic-pic-pic detrás de él...
El Mal lo seguía muy de cerca.
¿Qué opinan? ¿Buena elección para leer este Halloween?
¿Recuerdan la Symkana? Bueno pues los resultados de la prueba 1 ya han sido dados y ahora está la prueba dos. Para participar deben unirse al foro. Es muy fácil, no duden en participar!!
Quedó bastante claro en el post, había 48 horas para mandar dirección y de una chica ganadora no han aparecido ni sus luces. Ahora, con pesar, pero no tanto porque habrá otro afortunado ganador, pasaré a elegir un nuevo número con Random.org
La chica que no reclamó su premio resultó ganadora dentro del concurso de México, así que se ha elegido a alguien más,el tercer número que ha salido en Random.org es: